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El gran ornitólogo argentino
Tito Narosky escribió, hace ya algunos años, esta simpática
vivencia que le ocurrió en la Selva Misionera…
"…Son muchas las historias que se
cuentan de su presencia en la cercanía de lugares poblados.
Quien más quien menos, todos han visto, oído, hallado
huellas o restos de la existencia del tigre. Es obligado actor
de cada relato de andanzas en la selva. Y nosotros no hemos de
ser menos.
Estábamos revisando una picada. Darío y
Manuel trataban de fijar en un punto el vertiginoso movimiento
de un hermoso picaflor. Miguel, con su libro en la mano,
procuraba identificar la especie de una de las cañas de
grueso tallo, y yo, algo distanciado, seguía la evolución de
un pequeño tiránido que se introdujo en el matorral bajo.
Lo primero que sentí fue un fuerte olor a
animal salvaje y casi inmediatamente un rugido sordo. Retrocedí
confuso y atemorizado. Pero había repetido tantas veces en
mis escritos y conversaciones que los animales no atacan al
hombre, que me avergoncé de mi repentina cobardía en la
primera oportunidad en que mis teorías debían ponerse en práctica.
Cobré nuevas fuerzas y me acerqué al
matorral procurando descubrir a la fiera en cuestión. Hubiese
sido una satisfacción mayúscula incorporar un mamífero de
gran tamaño, en su ambiente natural, a mi colección de
diapositivas. Ya había visto en la selva coatís, monos,
conejos, mulitas, comadrejas, ¡pero un tigre! Porque en mi
mente estaba perfectamente dibujada la recia figura del
yaguareté.
Un rugido, más fuerte y próximo aún,
paralizó mis inquietudes fotográficas ¿Y si lo dejara para
otra oportunidad? ¿Sí continuara dedicándome exclusivamente
a las aves? ¡De todos modos, los mamíferos nunca me
agradaron demasiado!
Me alejé con rapidez en busca de mis compañeros,
aunque no había porqué temer. Sigo pensando que los animales
salvajes no atacan al hombre… pero de los picaflores, estoy
mucho más seguro."
Extraído de: Narosky, Tito-1978-
"ENTRE HOMBRES Y PÁJAROS. Andanzas de un
naturalista", 248 págs., Ed. Albatros.
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