Una prospección sísmica es, en esencia, un cuadriculado de
toda la superficie con líneas de explosivos de profundidad (10 metros bajo
tierra) que al detonar envían ondas que informan sobre tamaños y
localizaciones de yacimientos. Las explosiones, así como la perforación de
los correspondientes pozos y la apertura de picadas son actividades cuyo
impacto sobre la fauna silvestre aún no ha sido estudiado en zonas
selváticas y es por esto que creemos necesario presionar para que se actúe
con mucha precaución.
Sabemos, por testimonios de pobladores de la región de Orán, que la
prospección sísmica realizada en 1998 por Shell desplazó hacia lugares más
altos y donde no era frecuente su presencia, a varios Jaguares.