Su longitud es de aproximadamente 5 kms., se encuentra pavimentado
y mantiene una constante carga vehicular debido al gran movimiento
turístico durante todo el año, ya que lleva directamente al área
cataratas.
Según Liva et al. (2000) este es el tramo más afectado por los
atropellamientos de fauna silvestre, entre los que se incluyen Especies
de Valor Especial (EVE) para la APN como el puma (Puma
concolor), el gato onza (Leopardus pardalis) y
el yaguarundí (Herpailurus yaguarundi).
Por tratarse de un tramo íntegramente dentro del área protegida de
mayor importancia de la provincia y con habitual presencia de
yaguareté en este sector (lo que hace temer que se produzcan
atropellamientos en cualquier momento), amerita un esfuerzo
previsor considerable.
La
instalación de elementos que obligan a disminuir la velocidad en
ciertos sectores es una medida eficaz, y de hecho, a
pesar de no existir un monitoreo sistemático que mida su utilidad, las
referencias que hemos podido recoger indicarían una disminución en
los atropellamientos. Sin embargo, hemos comprobado como se vuelve
a retomar el exceso de velocidad entre uno y otro elemento, por lo
que su funcionalidad es limitada y el riesgo sigue latente. La
colocación de cartelería también es importante, sin embargo, tiene
un carácter complementario.
Si bien el apostamiento de personal con pistolas de radar capaces
de medir la velocidad es una alternativa propuesta como factible,
el esfuerzo humano, el costo horas-hombre que representaría y las
situaciones de conflicto que podrían generarse al momento de
labrar infracciones, hace que no la consideremos la más adecuada.
Asimismo, no permitiría un monitoreo y control durante las 24
horas ni todos los días del año. Todas las características indican
que la vía óptima para detener o disminuir eficazmente el
atropellamiento en este tramo tan sensible se lograría con un
control estricto ininterrumpido, ante lo cual,
RECOMENDAMOS:
- La instalación de radares de velocidad acompañados con registro
fotográfico, tal como existen en numerosos barrios cerrados en
distintas zonas de nuestro país. Esto permitiría la documentación
de los vehículos infractores y eventualmente, su casi automática
sanción. En nuestras investigaciones en este tipo de sitios, hemos
comprobado que el control llega a ser casi total y la cantidad de
violaciones a los límites impuestos son mínimas.
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Ejemplo de un
control con radares en un barrio cerrado: dentro del
cubículo verde funciona un radar que registra la velocidad de los
vehículos, toma una fotografía y luego se aplica una multa si se
excede el límite máximo permitido de 20 km/h., que es indicado por
la cartelería respectiva. Los radares son rotados por distintas
zonas, de modo de poder cubrir toda la superficie deseada a menor
costo. Foto: Nicolás Lodeiro Ocampo.
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- Establecer una velocidad máxima de 20 km/h. Esto permitiría a la
fauna la posibilidad de eludir los vehículos o a éstos el
detenerse ante especies con menores capacidades de huída
(anfibios, animales distraídos, etc.). El establecer esta
velocidad máxima, solamente representaría un tiempo de 15 minutos
para efectuar su recorrido total, lo cual es insignificante para
la actividad turística en la cual la contemplación y goce del
paisaje justamente no necesita de velocidad, sino todo lo
contrario. Independientemente de esto, la prioridad debe ser la
preservación de la naturaleza y no de quienes la visitamos.
Sin embargo, estas medidas no son las únicas. Estamos convencidos
que la oportunidad de alcanzar mejoras en este sensible tramo será
completa si se desarrolla un proceso participativo en donde
intervengamos:
- La Administración de Parques
Nacionales. Como principal interesado y autoridad
máxima de esta Área Protegida.
- El Ministerio de Ecología de Misiones.
Al igual que la APN pero con jurisdicción provincial, sin embargo,
el trabajo conjunto es indispensable para enriquecerlo y
aprovecharlo en todos los sitios que sea necesario.
- Los Guardaparques Nacionales y provinciales con experiencia en
la zona. Son tal vez quienes mejor conocen este problema. Es
necesario que puedan ser escuchados y su opinión tenida en cuenta
a la hora de desarrollar medidas para mitigar los
atropellamientos.
- Especialistas de los organismos de
Vialidad Nacionales y provinciales. Su experiencia
técnica será clave al hilvanarse con las propuestas de quienes
conocen la problemática ambiental. Entre ambos sería posible
comenzar a desarrollar el modelo de medidas para implementar no
solo en este tramo, sino en todos aquellos que lo requieran.
- Representantes de empresas que utilicen transporte turístico.
Sus actividades profesionales se realizan totalmente o en gran
medida en este tramo, por lo que seguramente son parte interesada
en el asunto.
- El Hotel Sheraton Iguazú Resort & Spa
e Iguazú Argentina, de Carlos E. Enriquez S. A. y Otros U.T.E.,
concesionaria del Área Cataratas. A ambos se accede por
esta vía y por ende, sus actividades son en parte generadoras del
impacto ambiental de la ruta.
- Organizaciones Ambientales No
Gubernamentales. Ya que podemos dar una mirada
diferente y tenemos como foco de trabajo la conservación de la
biodiversidad en esta zona.
Como ya mencionamos en
nuestro Reporte sobre el tema, la conjunción de
distintos especialistas y actores interesados es la clave para poder
analizar,
desarrollar y mejorar constantemente las mejores soluciones a este
problema y gran amenaza para nuestros yaguaretés y demás
habitantes del monte misionero.
Solo la creatividad y coraje para abrir el juego a todos los que
de alguna u otra forma pueden aportar soluciones permitirá
alcanzarlas.
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Un puma atropellado.
En los últimos 10 años murieron 6 ejemplares. Foto: MisionesOnLine.net.
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